• Javier Pastor

El PROL (a.k.a Las normas del juego)

Todo juego tiene unas normas, ya sean más complicadas o más sencillas. Al escuchar la palabra "improvisación" la gente se confunde y piensa que pueden hacer cualquier cosa en el escenario porque para algo están siendo espontáneos. Y... he de decir que la espontaneidad es una de las virtudes más positivas que puede tener un improvisador, pero... aprendeos esta frase: Todo vale, menos cualquier cosa.


Como en cualquier juego, en improvisación existen una serie de normas no escritas que es necesario que conozcamos todas las personas que compartimos escenario para que no naufraguemos y padezcamos una crisis de verdad escénica. Al jugar acorde a esas reglas, el público también las comprende y se siente partícipe de la historia.


Una de los términos más ampliamente utilizados para instaurar estas normas es el del PROL, un acrónimo formado por las letras P (personaje), R (relación), O (objetivo) y L (lugar).


En el anterior post escribía sobre los motores, esos impulsos (generalmente derivados del input o sugerencia que nos dan) los cuales nos servían para arrancar la escena. Uno de ellos eran precisamente los personajes (P). Y es que... necesitamos saber qué personajes forman parte de nuestra historia (no es lo mismo tener en escena a una guerrera espacial, que a un barrendero... a un orangután o a la encarnación de la Justicia). Y esto se debe a que cada personaje llevará una serie de expectativas o promesas ancladas a él. Es nuestra primera conexión con el público, es lo que le presentamos, pues... desde que se nos ve o se nos oye, el personaje ESTÁ (luego nosotros ya decidiremos cómo vamos entregando y dosificando la información respecto al mismo).


Pero, habitualmente, no estaremos solos en escena y nuestro personaje se encontrará con otros personajes. Es cuando entonces nos preguntaremos cuál es su relación (R) con ellos. No es lo mismo que mi personaje sea el hijo del de mi compañero, que sea su amante o si son completos desconocidos. De nuevo, la relación nos va a acotar un rango de posibilidades entre ambos (o entre más personas si somos varios en escena) y esta relación está ligada a un término importantísimo del que hablaré en futuros posts: el cambio. Dependiendo de la relación que hayamos elegido entre nuestros personajes tendremos un cierto número de cambios (este número podrá ser amplio, pero no infinito) que afectarán a esta relación. Es decir, nuestra relación, al igual que nuestros personajes, está acotando aún más la escena que se está desarrollando. Estamos cerrando nuestro círculo de expectativas.


Otro elemento que va a ser clave para sostener nuestra escena es el lugar (L) donde se desarrolla la misma. El espacio nos va a aportar una información extra sobre lo que está ocurriendo en la historia. ¿El espacio pertenece a uno de los personajes? ¿Es un espacio que conocen? ¿Es la primera vez que están aquí? ¿Es un espacio adecuado para la acción que están llevando a cabo? El espacio nos va a aportar nuevos niveles de información sobre la escena, y la relación de nuestros personajes con el mismo va a hacer que entren en juego conceptos tales como el estatus o el choque de contextos. El espacio nos permite además una interacción con los distintos elementos que lo componen, permitiendo que nuestros personajes accionen y no se conviertan en cabezas parlantes (las temidas talking-heads).


Y, por supuesto, necesitaremos que nuestros personajes tengan algún tipo de objetivo (O) en nuestra historia. Si estamos mostrando sobre el escenario esta ventana de su vida es porque realmente merece ser contada. Nuestros personajes tendrán deseos, se marcarán metas y con ellas ofrecerán promesas de historia al espectador. En el teatro, como público, presenciamos cosas que no podemos hacer, que no nos atrevemos a llevar a cabo o que, directamente, no queremos que nos pasen. Metamos a nuestros personajes en problemas y, sobre todo, hagamos que, sea cual sea su objetivo, les vaya algo en juego. No hay nada más peligroso que un personaje a la que todo le resbala, al que nada le importa... si al personaje no le importa su historia, ya os garantizo que al público menos. Es importante que el personaje sea consciente de lo que puede ganar o puede perder si consigue o falla en su objetivo. Esto convertirá a nuestros personajes en personajes activos, los cuales moverán acción y tendrán grabado a fuego un concepto importantísimo en la impro (y en el teatro): la urgencia.


Entendamos pues este PROL como las cuatro patas que sujetan la banqueta que es nuestra improvisación. En el momento que una de ellas esté floja (o directamente no exista), nuestra banqueta se desequilibrará y perderemos la estabilidad de la escena, derrumbándose el resto de nuestro trabajo. Es por ello por lo que ejercicios como el de las tres réplicas (escenas cortas entre dos personajes en las que con tan solo tres réplicas tenemos que dejar claro quiénes somos, dónde estamos y de qué va a ir la historia) son tan útiles para trabajar y mecanizar estos conceptos.


Ahora para terminar, y haciendo un poco de metaimpro, os dejo este PROL para que os lo tatuéis en vuestra materia gris:


Personajes: Improvisadores/as.

Relación: Compañeros/as de escena.

Objetivo: Crear una historia creíble que conecte con el público.

Lugar: Un escenario,


¡A seguir jugando!

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