• Javier Pastor

Receta del buen improvisador

Antes de nada, pido disculpas. Siento la demora en las publicaciones de posts. Han sido una semanas muy locas de cuadrar con la nueva fase del torneo y los formatos finales de cada uno de los grupos de la escuela y no he podido dedicarle tiempo al blog. Pero aquí estamos ya, de vuelta a la carga.


Aunque pueda parecer de perogrullo, hoy quiero escribir sobre todas esas herramientas, recursos, conocimientos e inquietudes que hacen que seamos mejores improvisando. Así que, tomad nota y haceos con los ingredientes porque vamos con la receta:


Lo primero que necesitamos es realizar un buen sofrito de formación. Ésta será la base de nuestro plato, así que no escatimemos en clases, entrenamientos o ensayos. Hay que remover al menos una vez a la semana, para que no se nos pegue. Cuidado porque en muchas cocinas no se le dedica suficiente tiempo a la preparación del sofrito, y claro, al intentar saltarnos pasos de la receta e ir directamente a otros, la receta pierde su fundamento.

Una vez tengamos nuestro sofrito listo (sin olvidarnos de seguir removiendo) vamos a echar una buena dosis de humildad. Es importante que la limpiemos bien, porque suelen quedar a veces restos de ego que luego dejan un regusto extraño en el plato. Generalmente la humildad va a aportar a nuestra elaboración bastante compañerismo, lo que va a enriquecer el resultado final.


No escatimemos tampoco en actitud positiva. Sé que en varias ocasiones, este ingrediente cuesta conseguirlo en los mercados porque no siempre está disponible en stock, por lo que, si eso ocurre, podéis utilizar algún sucedáneo como la empatía, la asertividad o la resiliencia. Yo recomiendo que utilicéis una actitud positiva libre de juicios, pues suele resaltar más los sabores.


Llega el momento de darle un poco de frescura al plato. Por ello, no os olvidéis de echar unos puñados de espontaneidad. Esto es lo que va a hacer que vuestro plato tenga ese toque especial inconfundible. Aquí es donde pondréis vuestro sello personal, vuestro ingrediente secreto. Así los comensales sabrán que tras ese plato que están degustando estáis vosotros.


Dejamos reposar todo hasta que se mezclen bien los sabores, sin dejar de remover y probando de vez en cuando. Las opiniones cercanas son bienvenidas por si hay que adecuar o corregir alguna de las cantidades.


Entramos en la recta final de nuestra elaboración. En este momento hay que añadirle conocimiento de la actualidad por lo que nos vendrá bien tener a mano cualquier recipiente de información escrita o audiovisual.


Como último paso añadimos las especias de la cultura. Aquí podéis jugar con los porcentajes que queráis de cada una de ellas. Hay gente que añade más de lecturas, otras personas prefieren las visualizaciones de películas o series, otros apuestan por los documentales mientras que en algunos casos la historia, la geografía, la pintura o la música ganan la partida. En cualquier caso, haceos con especias de cultura e irlas actualizando cada poco porque nos van a dar ese toque final sin el cual no lograríamos el mismo efecto.


Retiramos del fuego y mientras estamos sirviendo podemos añadirle nuestras pequeñas cantidades de instinto y de talentos naturales. Es un buen momento de fusión con otros tipos de cocinas, así que no temamos innovar llegados a este punto.


Y por último, el emplatado. Una elaboración presentada en condiciones siempre gana muchos enteros, por lo que aquí démosle un buen envoltorio tirando de puntualidad, concentración y descanso.


Espero que os haya resultado interesante esta receta y que no dejéis de cocinar. Y sobre todo, que os divirtáis haciéndolo.

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