¿Qué (o quién) es un improvisador?
Últimamente este tema ha salido a relucir en varias de las conversaciones que he tenido, así que me he visto obligado a escribir sobre ello y dejar la puerta abierta para que cualquiera que desee compartir su punto de vista lo haga mediante algún comentario en este post.
Desde mi punto de vista el improvisador está compuesto de varios entes teatrales que tocan las ramas más básicas del arte escénico. Podría afirmar que son tres (como una Santa Trinidad escénica) pero en verdad creo que sería más correcto hablar de las cuatro facetas del improvisador.
No cabe duda de que el improvisador se expone a un público, se mueve sobre un escenario e intenta transmitir algo a una audiencia. El improvisador es un ACTOR y esto es tan de cajón que casi me da vergüenza escribir tal perogrullada sin recibir el impacto de una colleja en mi nuca, pero... las cosas como son y el chocolate espeso. El improvisador es un actor y a menos que alguien suelte un argumento de peso, esa etiqueta no se la quita nadie.
El improvisador escribe su propio texto y sus acotaciones. Se otorga estados de ánimo, acciones y réplicas. Marca sus propias entradas y salidas a escena así como la interacción con otros personajes. El improvisador es, por tanto, un DRAMATURGO. Sí, pero un dramaturgo que co-escribe, ya que a menos de que hablemos de espectáculos unipersonales, la improvisación es un arte compartido y nuestra creación es complementada y reforzada por las creaciones de los demás. Dicho esto sería más correcto hablar de que el impovisador es un CO-DRAMATURGO.
Los objetos mimados que crea un improvisador forman parte de un atrezzo, de una utilería, de una escenografía teatral dentro del código de su no-presencia. La misma verbalización de espacios crea en la mente del espectador un paisaje escenográfico. Dota a la escena de un marco visual imaginario como ya hacía Shakespeare y sus camaradas isabelinos en sus textos a la hora de generar una cantidad ingente de espacios. Si el formato de improvisación en cuestión permite la utilización de objetos, muebles y demás elementos físicos, la decisión que se tome en lo referente a su ubicación y a su uso convierte al improvisador en un ESCENÓGRAFO.
La cuarta vertiente del improvisador y la menos explotada sin lugar a dudas es aquella relacionada con la puesta en escena. Leyendo el post hasta este punto puede dar la impresión de que los improvisadores colaboran entre ellos, se respetan, se aceptan, toman el reto de crear algo juntos desde sus propuestas individuales y sacan adelante una escena y una historia. Pero las decisiones de cada cual, a pesar de encajar con las de los demás, no dejan de ser individuales. ¿Dónde está el improvisador DIRECTOR? Soy de la opinión de que el improvisador debe tener la libertad de tomar decisiones de puesta en escena. Trasladar esas máximas al resto de improvisadores, hacerles jugar una situación dentro de un código determinado. No tener miedo de detener algo para dar una consigna. La improvisación es inmediata. Es un producto elaborado ante nuestros ojos, no tiene un ensayo previo, tan solo un fuerte entrenamiento detrás. ¿Por qué si podemos ver los artificios de interpretación, dramaturgia y escenografía ante nuestros ojos no podemos ver la maquinaria de la dirección escénica haciendo su labor? Algunos hablarán de los técnicos improvisadores que manipulan la luz y el sonido desde la cabina, toman decisiones y lanzan sus propuestas. No les faltará razón para mencionarlos, pero... ¿la dirección de un espectáculo teatral se reduce exclusivamente al espacio sonoro y a la iluminación? ¿Qué hay de la dirección de actores, de la partitura de movimientos, de los códigos escénicos...? 
Hasta aquí mi reflexión y una declaración de intenciones. Hay que desempolvar al improvisador DIRECTOR.


